Extraño es, aunque sé que todo debe caer...
Incertidumbre, de no saber cuándo y me convenzo de que nunca, nunca caerá esa roja y jugosa manzana que colgando del árbol, se mece con el viento incesante, por tí. Porque tú me haces creer eso, porque tú me haces pensar que el reloj se frena, sin que la pila llegue a agotarse; que los segundos son eternos y el tiempo ya no corre, ni camina, sólo descansa y me espera; que la vida es de ambos, no de ellos... sólo nuestro.
Tú me haces creer que no serás tú, sino yo quien primero quiera botar la manzana para simplemente ver cómo cae y llega del árbol a ese verde suelo, sucio y terroso, que tan lejano se veía en un principio; que tapaste con tus manos para que mis ojos no lo vieran más, como en un principio lo veían.
Imaginamos, soñamos, reímos, creímos, confiamos, quisimos... Quisimos mucho, tal vez demasiado... Quizá por ambiciosos olvidamos soñar más, mirarnos y crear más brillos.
Qué paso para que te aburrieras de ver esa manzana tan roja... tan deseosa y que a pesar de lo apetitosa de su apariencia no nos llamaba a sacarla para comerla...
No, esa manzana era más que un simple deseo natural, era más que hambre, más que una frivolidad. No era ambición...
Es que... era lo más hermoso que había visto, no me hubiese cansado jamás de mirarla sobre esa rama...
Pero pasó, aunque me hayas dicho que no pasaría, y que de ser así sería yo quien la botara... Mentiste; me mentiste... Pero no te culpo. No somos perfectos, tal vez fui yo la ilusa al creerte... Debí suponer que no podrías conocer el futuro sin ninguna duda... nadie puede tener todo tan claro, ahora comprendo... Tal vez es tarde, ya me hice las ilusiones.
Si no quise proyectarme, conseguiste lo contrario sí lo hice.
Pero todo eso me gustó, me gustó y si la vida me da una nueva imagen que apreciar, entonces seguirá gustándome ese sueño impreciso que pudo haber sido, como muchas cosas...
Si tan sólo las cosas en vez de caer subieran, y subieran... así como en un comienzo la manzana en la pequeña rama iba ascendiendo a medida crecía ese fuerte árbol que cayó con tu soplido...